4 de enero de 2013

QUINTA ESCENA

Fue sorprendente aquel beso lleno de pasión que recibí esa tarde; llevaba ya varias semanas discutiendo con Marie acerca de las prohibiciones de la Iglesia, los pecados capitales y los diez mandamientos, tuve que aprendérmelos de memoria para encontrar un tema que fuera interesante para ella, además gastarme valiosas horas de mis importantes fines de semana, aunque siempre supe que sería una gran inversión, pero quizá, la que más sacrificio traería a mi vida y sobre todo a mi tiempo, fueron seis misas en las que tuve que soportar el discurso más malo del siglo en manos del peor sacerdote de todos los tiempos, Romeo, el curita de la parroquia, una pesadilla total que se hacía cada vez más extensa cada vez que fracasaba en mi intento por convencerla a ella, pues cada domingo malogrado con Marie, era la confirmación de que debía invertir más tiempo, más horas de estudio y de sacrificio en cada misa, ¡qupe horrible tortura! Pero cada vez que le veía los ojos azules, la sonrisa  y sus lindas caderas, me reanimaba a sacrificar más de mi valioso tiempo, siempre imaginando en tener sexo con una virgen como la famosa virgen María de la que tanto hablaba el cura en sus sermones, sólo pureza. Era triste para mí pensar que en esta época fuera tan difícil conseguir una mujer de ésas que siguen aferradas a un sentimiento de culpabilidad cada vez que piensan en un hombro. Eso era lo que más tendría que agradecerle a Romeo, aunque la dicha que me produjo aquel beso, nunca pude saber a quién tendría que agradecerla, si al padrecito, a su santo, a la famosa virgencita, al Cristo que colgaba desangrándose en tan desesperante lugar, o a los rezos de mi madre porque su hijo favorito sentara cabeza algún día.
   años atrás mi padre me lo dijo con la boca llena, me confesó que cuando se casó con mi madre, ella era virgen, dijo que por esa razón siempre la amaría, me pareció maravillosa la idea, aunque demasiado prematura encontrándome tan joven para pensar en matrimonio. No tenía prisa por enfrentarme a una situación tan comprometedora como ésa; sin embargo, no podía perder la oportunidad que me estaba dando la vida para conquistarla y hacerla mía en su primera vez de entrega, era un postre que cualquier hombre no tendría el placer de degustar.
   Acabámos de salir de mi sermón número seis, Marie se encontraba sentada a mi lado dentro de la iglesia, pues a medida que empezó a verme con frecuencia en las misas anteriores, ella buscaba la manera de sentarse muy cerca de mí, hasta que "tímidamente", y con mi sonrisita de idiota, había logrado sentarme junto de ella sólo en nuestra misa número cuatro, un mes para poder ganar su confianza, algo que pareció ridículo, cuando logré hacerme su amigo en nuestra primera conversación, descubrí por qué siempre asistía a misa todos los domingos, era de una familia muy religiosa, creían en veinticinco santos, descubrí también que su madre y esos santitos serían mis enemigos, todos eran distintos, creo que incluso cada uno tenía diferentes nacionalidades, ese tema fue el que me pareció más importante. Al fin que algún lugar de la tierra no existían fronteras. ¡Qué maravillosa noticia! Tuve que hablar como nunca antes de mi vida, tratar de reconocer que aunque ganarse el corazón de una virgen es un gran reto para cualquiera, no deja se ser algo tedioso, aburrido y muy desesperante cuando no logran ver ningún avance; nunca estuve acostumbrado a hablar más de la cuenta, decir palabras extras, incluso realizar actuaciones de payaso tratando de creer en santos, en imágenes de yeso, hacer tantos paseos a iglesias poniendo la misma cara de estúpido arrepentido que se les veía a todos, como si cada acto realizado en sus vidas fuera digno de castigo, y todo por conseguir el lecho de una virgen. No dejaba de ser algo inaudito, no podía creer como hizo el viejo José para engendrar un hijo en su esposa María, me parecía irracional que en esta época me pudiera pasar algo parecido, no podía ser tan horrible mi desgracia. Me sentía ya cansado, tenía muy claro que si ese día no lograba nada con ella, ya no realizaría ni un sólo intento más, sería uno de mis mayores fracasos, algo que nadie tendría por qué saber, pero creo que Dios esa tarde escuchó mis súplicas desesperadas, cuando me dio su primera señal; la señal que me puso a pensar en su existencia,y cuando me encontraba a punto de abandonar mi capo de batalla, sucedió lo que tenía que suceder. Aquel domingo, luego de la ceremonia, invité a Marie a caminar, la llevé hacia un lugar donde tendría la certeza de que ninguno de mis amigos me iba a descubrir haciendo semejantes barrabasadas. Arranqué una flor que se encontraba entre la maleza, se la regalé, divisé una banca desde lejos y la invité a sentarse, el Cielo me acompañó, ella accedió. Realicé mi último intento, le declamé un poema de amor que no estaba dedicado precisamente a ella, se lo dirigí a María, la más famosa de todas, lo había sacado de un libro que pude robarle al sacristán y tuve que sacrificar muchas horas para aprendérmelo de memoria. Esa tarde que creo que fleché su corazón, por primera vez creí en aquel famoso ángel llamado Cupido, pues Marie rodeo mis hombros con los brazos, me miró fijamente, luego sonrió, me disparó un Te quiero, y cerrando de nuevo los ojos me besó.
Fue tal mi exitación que empecé a besarla desesperadamente, me atreví a tocarla y cuando estaba a punto de cometer una locura, ella me apartó con sus manos.

-No puedo hacer esto Tom, si mi madre se entera me matará -me dijo con voz desesperada, mirando hacia los lados tratando de buscar algún testigo que nos pudiera delatar, luego volteó los ojos hacia mí con esa mirada que te invita a pecar pero no sabe cómo hacerlo. Salió corriendo.

Con aquel beso identifiqué las mariposas que nunca antes había sentido en mi vida, creo que fue su invitación a pecar, no lo sé, sólo pude presentir que mi trabajo estaría lleno de frutos, que Marie estaba dando su primer y más importante paso hacia mis brazos; no lo podía creer, cada vez me confirmaba a mí mismo que nunca podría fracasar, porque mi espíritu de lucha, por siempre me convertiría en un triunfador, mis amigos tampoco me lo creerían, lograr llevar a la cama a una virgencita como ésas era cosa de verdaderos machos y yo era uno de ellos, de los más escasos. Mi corazón latía fuertemente, regresé corriendo a buscar a Carlos, era necesario tener un desahogo importante, un par de copas, celebración por mi éxito y aunque sabía que me esperaba otra tediosa hora del sermón de Romeo al siguiente domingo, mi conquista ya estaba casi lista, ya era pan comido. Regresé.



Ese Tom: es un loco.
Gracias por leer y comentar. Por favor, recomiendenla, ¿sí?
Cuidaos. Adiós :-).

6 comentarios:

  1. Tom que malooo!!
    Ya quiero q pase algo con (tn) .. Me gusta mucho la fic xD ..
    Siguelaa prontoo... Bye :D

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    1. xdd Tranquis, Jenni: todo a su tiempo.
      Gracias por comentar.

      Tú también cuídate ;3

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  2. Genial esta super interesante
    ya quiero leer el proximo
    cudiate bye

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    1. Gracias por comentar.

      Tú también cuídate.

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  3. jajajaja me da gracia Tom en la misa en los domingos xD
    me encanta la fic :) me hace reir
    espero el prox
    bye cte:)

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    1. xdd Tom ya es uno de los míos: ir a misa no es muy agradable xd.
      Gracias por comentar.

      Tú también cuídate.

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Nos vemos en la siguiente escena.
Gracias :3